Cuando pienso en la colosal cantidad de agua que guarda el mar, los kilómetros que tiene la tierra en su profundidad, y la maravilla de ver una panza abultada por una nueva vida, no puedo más que sentirme pequeñita y reconocer tu majestad y soberanía, Señor.
Sólo tú lo llenas todo, mi Dios. Sólo tu amor es bálsamo que sana heridas, restaura lo perdido y repara lo dañado. Sólo tu entrega en la cruz fue capaz de darnos el visado definitivo al cielo. Desde mis rodillas y mi pequeñez pienso, cómo se puede agradecer tanto?
La marcha de los piecitos
La marcha de los piecitos
martes, 28 de abril de 2009
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